#26: Qué son las indulgencias

Si supuestamente la confesión perdona los pecados, ¿Para qué sirven las indulgencias plenarias?
Si quiero dejar una pared como nueva y en ella habían muchos cuadros colgados, no sólo tengo que pintarla, sino que también tengo que sacar cualquier clavo que haya tenido en el pasado. Pero, sacar los clavos no basta, porque siempre quedan agujeros que es necesario sanar y restaurar.
Cuando nos referimos al pecado, pocas veces comprendemos que es igual que el clavo y la pared, pues cada pecado tiene una culpa y una pena. La culpa es la ofensa a Dios y es como el clavo. Y la pena es el castigo que merece nuestra culpa, y es como el agujero que queda en la pared.
Cada vez que me confieso con un sacerdote, yo recibo el perdón por mis pecados. En otras palabras, Dios perdona mi culpa y regreso a la comunión con Él… o sea, Dios saca el clavo. Pero siempre permanece una pena, que siendo como el agujero de la pared, es el tiempo merecido que tendremos que purgar o purificar por los pecados cometidos.
La culpa Dios la desaparece con la confesión… Pero ¿cómo se puede purgar o borrar la pena por mis pecados?
La purificación de la pena la vivo cada vez que realizo un acto de amor a Dios, cuando hago buenas obras estando en estado de gracia, pasando tiempo después de la muerte en el purgatorio y, sobre todo, con las indulgencias.
Jesús confió a la Iglesia el poder de atar y desatar en la tierra. Por lo mismo, la Iglesia interviene en nuestro favor y nos abre los tesoros de la gracia y el perdón de Dios. Las indulgencias plenarias las puedo recibir para mí mismo o puedo ofrecerlas por los difuntos.
¿Cómo puedo ganar una indulgencia plenaria en un día común?
• Haciendo una adoración Eucarística durante media hora.
• Rezando del Vía Crucis
• Rezando el rosario en comunidad
• Leyendo la Sagrada escritura por media hora.
• Además hay lugares y fechas especiales en los que podemos obtener indulgencia plenaria.

Y junto con alguna de estas acciones SIEMPRE tenemos que recibir el sacramento de la Confesión, la Sagrada Comunión y rezar por las intenciones del Papa dentro de los 8 días previos o posteriores a la acción.
Sabiendo esto… ¿Vas a dejar tu pared llena de agujeros? Mejor, aprovechemos que Dios por medio de la Iglesia nos da la oportunidad de dejar todo el muro de nuestra alma como nuevo.
En el Catecismo
1471 La doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia están estrechamente ligadas a los efectos del sacramento de la Penitencia.
“La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos”.
“La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente”. “Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias”.
1472 Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la “pena eterna” del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que es necesario purificar, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de lo que se llama la “pena temporal” del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecador, de modo que no subsistiría ninguna pena.
1473 El perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios entrañan la remisión de las penas eternas del pecado. Pero las penas temporales del pecado permanecen. El cristiano debe esforzarse, soportando pacientemente los sufrimientos y las pruebas de toda clase y, llegado el día, enfrentándose serenamente con la muerte, por aceptar como una gracia estas penas temporales del pecado; debe aplicarse, tanto mediante las obras de misericordia y de caridad, como mediante la oración y las distintas prácticas de penitencia, a despojarse completamente del “hombre viejo” y a revestirse del “hombre nuevo”.
1474 El cristiano que quiere purificarse de su pecado y santificarse con ayuda de la gracia de Dios no se encuentra solo. “La vida de cada uno de los hijos de Dios está ligada de una manera admirable, en Cristo y por Cristo, con la vida de todos los otros hermanos cristianos, en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico de Cristo, como en una persona mística”
1475 En la comunión de los santos, por consiguiente, “existe entre los fieles, tanto entre quienes ya son bienaventurados como entre los que expían en el purgatorio o los que peregrinan todavía en la tierra, un constante vínculo de amor y un abundante intercambio de todos los bienes”. En este intercambio admirable, la santidad de uno aprovecha a los otros, más allá del daño que el pecado de uno pudo causar a los demás. Así, el recurso a la comunión de los santos permite al pecador contrito estar antes y más eficazmente purificado de las penas del pecado.
1476 Estos bienes espirituales de la comunión de los santos, los llamamos también el tesoro de la Iglesia, “que no es suma de bienes, como lo son las riquezas materiales acumuladas en el transcurso de los siglos, sino que es el valor infinito e inagotable que tienen ante Dios las expiaciones y los méritos de Cristo nuestro Señor, ofrecidos para que la humanidad quedara libre del pecado y llegase a la comunión con el Padre. Sólo en Cristo, Redentor nuestro, se encuentran en abundancia las satisfacciones y los méritos de su redención”.
1477 “Pertenecen igualmente a este tesoro el precio verdaderamente inmenso, inconmensurable y siempre nuevo que tienen ante Dios las oraciones y las buenas obras de la Bienaventurada Virgen María y de todos los santos que se santificaron por la gracia de Cristo, siguiendo sus pasos, y realizaron una obra agradable al Padre, de manera que, trabajando en su propia salvación, cooperaron igualmente a la salvación de sus hermanos en la unidad del Cuerpo místico”.
1478 Las indulgencias se obtienen por la Iglesia que, en virtud del poder de atar y desatar que le fue concedido por Cristo Jesús, interviene en favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados. Por eso la Iglesia no quiere solamente acudir en ayuda de este cristiano, sino también impulsarlo a hacer a obras de piedad, de penitencia y de caridad.
1479 Puesto que los fieles difuntos en vía de purificación son también miembros de la misma comunión de los santos, podemos ayudarles, entre otras formas, obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados.
Citas de la Sagrada Escritura
«De él aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia, para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad. (Ef. 4,24)
«Lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame… Rocíame con el hisopo, y seré limpio, lávame, y quedaré más blanco que la nieve» (Salmo 51, 4.9).
«Vengan, y discutamos –dice el Señor– Aunque sus pecado sean como la escarlata, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la púrpura, serán como la lana» (Is 1,18)
Frases del Papa Francisco acerca de las indulgencias

No obstante el perdón, llevamos en nuestra vida las contradicciones que son consecuencia de nuestros pecados. En el sacramento de la Reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan cancelados; y sin embargo, la huella negativa que los pecados dejan en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos permanece. La misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto. Ella se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado.

La Iglesia vive la comunión de los Santos. En la Eucaristía esta comunión, que es don de Dios, actúa como unión espiritual que nos une a los creyentes con los Santos y los Beatos cuyo número es incalculable (cfr Ap 7,4). Su santidad viene en ayuda de nuestra fragilidad, y así la Madre Iglesia es capaz con su oración y su vida de ir al encuentro de la debilidad de unos con la santidad de otros.

Indulgencia es experimentar la santidad de la Iglesia que participa a todos de los beneficios de la redención de Cristo, para que el perdón sea extendido hasta las extremas consecuencias a la cual llega el amor de Dios

Frases de Benedicto XVI acerca de las indulgencias
El recurso a las indulgencias nos ayuda a comprender que sólo con nuestras fuerzas no podremos reparar el mal realizado y que los pecados de cada uno dañan a toda la comunidad; por otra parte, la práctica de la indulgencia, que, además de la doctrina de los méritos infinitos de Cristo, implica la de la comunión de los santos, enseña «la íntima unión con que estamos vinculados a Cristo, y la gran importancia que tiene para los demás la vida sobrenatural de cada uno».

Esta práctica de la indulgencia puede ayudar eficazmente a los fieles en el camino de conversión y a descubrir el carácter central de la Eucaristía en la vida cristiana, ya que las condiciones que prevé su misma forma incluye el acercarse a la confesión y a la comunión sacramental.

Frases de San Juan Pablo II acerca de las indulgencias

En efecto, «la indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos».

Gracias a Dios, cuando viven intensamente su vida cristiana, los fieles aprecian las indulgencias y recurren con fervor a ellas. Y puesto que para lucrar la indulgencia plenaria es preciso en primer lugar que el alma se desprenda totalmente del afecto al pecado, las indulgencias y el sacramento de la penitencia se integran admirablemente en el objetivo esencial y primario que es la destrucción del pecado, que, como he dicho antes, se identifica concretamente con la infusión o el aumento de la gracia santificante.

En efecto, la reconciliación con Dios no excluye la permanencia de algunas consecuencias del pecado, de las cuales es necesario purificarse. Es precisamente en este ámbito donde adquiere relieve la indulgencia, con la que se expresa el «don total de la misericordia de Dios. Con la indulgencia se condona al pecador arrepentido la pena temporal por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa.

Preguntas para profundizar acerca de las indulgencias

¿Por qué necesito las indulgencias si ya me confesé?
El pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y de la vida eterna, cuya privación se llama la “pena eterna” del pecado. Cuando nos confesamos de los pecados graves recibimos el perdón y volvemos a la comunión con Dios. Cuando nos confesamos de los pecados veniales, recibimos el perdón, pero quedan las consecuencias que dejó ese pecado en nosotros y que es necesario purificar, bien sea en nuestra vida terrenal o después de nuestra muerte. Esta purificación después de la muerte se conoce como Purgatorio, el cual nos libera de la “pena temporal” del pecado. Con la indulgencia, logramos la remisión de esta “pena temporal”.

¿Cuál es la diferencia entre indulgencia parcial e indulgencia plenaria?
La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente.

¿Cómo puedo recibir las indulgencias?
En un día común podemos recibir indulgencias así:

• Rezando del Vía Crucis
• Haciendo una adoración Eucarística durante media hora.
• Rezando el rosario en comunidad
• Leyendo la Sagrada escritura por media hora.

Además hay lugares y fechas especiales en los que podemos obtener indulgencia plenaria, según lo que vaya disponiendo la Iglesia, como por ejemplo las que se dispusieron con el Año de la Fe, o con el Año de la misericordia. Es importante recordar que junto con alguna de estas acciones, siempre debemos recibir el sacramento de la Confesión, la Sagrada Comunión y rezar por las intenciones del Papa, dentro de los 8 días previos o posteriores a la acción.

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