Una de las principales virtudes que Jesús nos propone es la humildad. Reconocer y aceptar la verdad sobre uno mismo es esencial para vivir la caridad, hacia Dios y hacia los demás. San Bernardo nos enseña en 12 pasos, qué pasa cuando la persona se aleja de la humildad, demostrándonos que cuanto más soberbia es, son peores los vicios que adquiere:

  1. CURIOSIDAD: Se despreocupa cada vez más de sí mismo. Tiene los ojos alzados y atentos para escuchar los chismes de los demás.
  2. LIGEREZA DE ESPÍRITU: Curiosidad que lleva a querer controlar a los demás. Alegría por los fracasos y tristeza por los triunfos ajenos (envidia).
  3. TONTA ALEGRÍA: Se siente humillado ante el gozo de los demás y lo esconde aparentando una alegría superficial. Prefiere huir pues no puede competir.
  4. JACTANCIA: Busca personas que alaben sus vanidades. No escucha, solo quiere venderse a sí mismo.
  5. SINGULARIDAD: presume ser mejor que los demás. No soporta ver alguien superior. Busca aparentar cualquier cosa que llame la atención.
  6. ARROGANCIA: Se considera santo, su opinión es la mejor para todos. Pero cuando se trata de su vida y conducta personal, la preocupación es cómo agradar a los demás.
  7. PRESUNCIÓN: Se cree aventajado. Los que parecen superiores, son soberbios o envidiosos. No le importan las actividades de poca monta, pues cree que está hecho para cosas grandes.
  8. EXCUSA DE PECADOS: “Yo no lo hice”; “Si lo hice, así es como debe ser”; “Si está mal hecho, la culpa es de los demás”; “Nunca tuve la mala intención”. No es capaz de reconocer nada.
  9. CONFESIÓN FINJIDA: Tiene excusas para todos sus problemas. Muchas veces simula una verdadera confesión, buscando en realidad ser alabado.
  10. REBELIÓN: Se cierra a la opinión ajena. Terquedad, desprecio. Desobediencia “solapada”.
  11. LIBERTAD DE PECAR: Desprecia a Dios, ya no se hace problemas de caer en el pecado. Peor aún es su comportamiento con los demás, ya que, no son “necesarios” para su vida.
  12. COSTUMBRE DE PECAR: Pecar ya es costumbre y resulta incluso agradable. Cree que realmente no hay Dios. Se vuelve alguien perverso y pervertido.

¡No caigamos en la soberbia! ¡Aprendamos a vivir en la humildad para estar abiertos a las gracias que Dios nos quiere regalar!

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